21 abril 2006

Sí a la "Libertad de Expresión" para cambiar y hacer amable nuestra existencia y entorno - por Antonio Marín Segovia

La libertad de expresión es algo más que una consigna o una frase tópica, empleada en momentos puntuales y señalados.

La verdadera y necesaria libertad de expresión es aquélla que nos permite ser nuestros verdaderos dueños y propietarios de nuestra vida propia y personal. Ser los propios gestores, los soberanos absolutos de nuestro devenir, es la única verdadera libertad de expresión que debemos cuidar y mimar constantemente...

En el momento que tenemos que obligarnos a celebrar días a favor de la libertad de expresión, es para reflexionar y convencerse de que realmente vivimos tiempos difíciles y complejos. No es lógico dedicar un día concreto a festejar "combativamente" la necesidad de expresarnos desde nuestra propia individualidad...

Vivimos tiempos confusos y llenos de consignas publicitarias... Vivimos tiempos donde algunos (los que nunca tienen nada que decir ni saben "vivir") no paran de opinar sobre banalidades insulsas, evitando siempre actuar para así subsanar desde la raíz aquellos verdaderos y lacerantes problemas reales que tanto nos duelen y nos afectan a la gran mayoría silenciosa. Vivimos tiempos duros, donde algunos no paran ha hablar y hablar, sin decir nada realmente vital y que permita que seamos dueños y hacedores de nuestro propio destino. Hoy somos todos esa masa, ese creciente masa que se ve arrastrada ante la estupidez política y económica neoliberal imperante... Y nuestras palabras tienen tan poco valor como las promesas electorales de aquéllos que dicen ser nuestros representantes...

¿Expresarse? ¿Libertad de expresión? Las palabras y las declaraciones y denuncias tienen que ir siempre acompañadas de acciones que permitan la transformación, el cambio y la moficación real y radical de aquello que nos duele y nos molesta...

La única "expresión" necesaria es aquella que nos permite modificar y alterar, positiva y amablemente, nuestro propio y colectivo devenir.  Si no sabemos o podemos hacer agradable nuestra existencia personal y colectiva, no sabemos realmente expresarnos y comunicarnos con nosotros y con el resto de seres que conforman nuestro entorno cotidiano y vital.

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