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13 julio 2006

Paz y paciencia - por Angélica Sátiro


The Tao of Love - Vangelis

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Paz y paciencia

La palabra paz viene del latín 'pax', y da origen a otras palabras como 'pacífico', 'apaciguamiento' o 'pacato'.

Podemos hablar de paz interior y de paz exterior. Paz interior seria el cultivo del equilibrio entre los instintos y la espiritualidad, entre la necesidad de afirmación de nuestra identidad y la necesidad de abertura y comunión con los demás.

Representa el cultivo de la serenidad, tranquilidad y el sosiego, lo que no significa reforzar la debilidad y la flaqueza humana. Cultivar la paz interior es entender en profundidad lo que es la fuerza sin la necesidad de revancha por el orgullo herido o por la necesidad de afirmación de la identidad.

La paz exterior sería la creación de ámbitos de concordia, respeto y tolerancia para con las diferencias en los ámbitos públicos.

La paz interior es una necesidad para poder vivir bien y ser una persona equilibrada que sabe disfrutar de la vida, respetarse y respetar a los demás, incluidos todos los seres del planeta.

La paz exterior es un deber y una necesidad, principalmente en este momento en que vivimos distintos niveles de conflictos mundiales.

La paciencia es la ciencia de la paz. Es la capacidad de lograr armonizar con el tempo de las cosas, equilibrándolo con el tempo de las expectativas y de las necesidades personales. Es la capacidad de ser intenso sin agitarse, de mantener una actitud tranquila frente a distintos tipos de problema, siguiendo el ritmo que exigen los procesos en general.

Angélica Sátiro

12 julio 2006

Respeto mutuo - por Angélica Sátiro


Chromatique - Vangelis

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Respeto Mutuo


Hablamos de respeto mutuo y no de tolerancia, porque en la tolerancia hay dos clases: los tolerantes y los tolerados. Lo que significa que hay unos superiores a los otros, cosa que desde la perspectiva de la ética intercultural no nos interesa desarrollar en los niños.

El respeto mutuo implica la aceptación del otro, pero como no basta aceptarlo, es necesario tenerlo en cuenta, considerarlo como sujeto, como persona. Y que eso sea recíproco, que ambas partes se reconozcan como sujetos y como personas.

Este respeto mutuo, a nivel privado, presupone aceptar las verdades, los valores, las reglas y los hábitos del otro, incluso siendo radicalmente diferentes de los nuestros. Hace referencia a la conciencia de cada persona, que es única y concibe sus puntos de vista de forma singular y, por ello, merece respeto.

A nivel colectivo, el respeto mutuo es responsable de la eliminación de violencias religiosas, políticas e ideológicas, provocadas por una actitud irrespetuosa.

Actualmente, es un valor muy necesario debido a la situación del mundo, globalizado económicamente, mundializado culturalmente y caracterizado por diversas corrientes migratorias, hechos todos que generan una mayor necesidad de respeto mutuo entre las diferencias.

En algunos países es ya común que en las escuelas convivan niños de diversas culturas, inmigrantes o hijos de inmigrados. Si no aprenden a actuar con respeto mutuo, los conflictos que puedan surgir por las diferencias culturales pueden traer resultados desagradables.

El respeto mutuo es básico para que se pueda aprovechar la riqueza de la diversidad.

Angélica Sátiro

10 julio 2006

Valores interculturales


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Valores interculturales

Pero como nos interesa trabajar valores que puedan ser llamados 'interculturales' añadimos a estas consideraciones la aportación del pensador Norbert Bilbeny sobre lo que puede ser una ética intercultural:

"Si es 'intercultural', la ética ha de ponerse al nivel y al servicio de las culturas, se desprenda o no de ellas. No pertenece a alguna o algunas de las culturas en particular, ni es ajena, por lo contrario, a todas ellas, pues aunque no se dedujera de ninguna, su propósito es ser común y aplicable a todas, sin tener que presuponer, mientras tanto, que alguna es superior al resto." (Pág.14)

"El tipo de ética intercultural que se intenta razonar en este ensayo está basado en el convencimiento de que la mente humana, sin diferencia de culturas, es capaz de dar de si, a través del conocimiento, en su sentido más amplio, y de la reflexión, el esfuerzo y el disfrute de la interacción y el intercambio, en lugar de permanecer en la incomprensión y el enfrentamiento. Donde hay humanos, algo es comparable." (Pág. 176)

Angélica Sátiro

08 julio 2006

Educación y ética

Remontarse, flotar,
hundirse, avanzar, retroceder....
Genista

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Educación y ética

¿Por qué existe la educación? ¿Para qué educar?

Parece ser que unas respuestas dependen de las otras y todas apuntan hacia la cuestión de que la educación es una tarea eminentemente ética. O sea que la educación existe porque el ser humano necesita aprender a ser consciente de sí mismo, del otro y del mundo y necesita aprender a convivir y a estar frente al otro de forma respetuosa y evolucionada.

Para ello la educación vehicula los conocimientos necesarios para el descubrimiento del mundo -en sus múltiples dimensiones: física, matemática, geográfica, científica, artística, religiosa, etc.-. Por eso, pensar en las finalidades -¿para qué?- de la educación y en las razones -¿por qué?- que sustentan su existencia en el medio humano es asumir que no hay cómo educar sin hacerlo desde una perspectiva ética. Eso es así porque la ética es una dimensión que constituye la educación como tal y justifica su existencia.

Estamos de acuerdo con el filósofo de la educación Joan Carles Mèlich cuando afirma que sólo podemos hablar de educación si existe relación ética. De lo contrario sólo hablaríamos de adoctrinamiento, adiestramiento y ese tipo de cosas. El mismo autor afirma que la ética es hospitalidad y acogida. Así que podemos concluir que lo que justifica la existencia de la educación es el encuentro entre los humanos y las relaciones de receptividad y de cuidado que entre ellos se producen.

Es importante saber que nunca seremos totalmente éticos, sino que siempre vamos a estar pasando por multitud de situaciones y circunstancias que nos harán dudar de nuestros valores, principios y reglas y de los valores, principios y reglas de los grupos a los que pertenezcamos.

¡Volverse una persona ética es tarea para toda una vida!

Realizar la dimensión ética de la educación con nuestros niños y jóvenes no será diferente. Educar y educarse son procesos continuos de ser uno mismo en la búsqueda de la identidad individual y colectiva. Y como ser ético es un proyecto que dura hasta el último día de nuestras vidas, es necesario ver esta cuestión desde una perspectiva creativa. Y recurrimos una vez más a Joan Carles Mèlich para afirmar que educar es crear.

Angélica Sátiro