17 octubre 2011

¿Discernimiento?

"El cinismo y la inmoralidad de la política maquiaveliana está ahí:
no está, como lo vio erróneamente la acepción vulgar,
en el uso sin escrúpulos de los medios,
sino en la desenvoltura frente a los fines.
Jean Baudrillard
En 'A la sombra de las mayorías silenciosas'
de 'Cultura y simulacro'



"«La Izquierda y la Derecha unidas, ¡Jamás serán vencidas!»
El pueblo debería tomar debida nota y
darse cuenta de que tiene que optar:
¿Ser de izquierda para tener poder?, o
¿Ser de derechas para tener dinero?
y dejar definitivamente de ser pueblo
que es lo que menos conviene."
Recuerda K. que dijo Nicanor Parra, e ironiza






"El pueblo siempre pierde."
Dice Osvaldo



NEO: ¿Cuál verdad?
(Ve su propio reflejo en las gafas oscuras de Morfeo)
MORFEO: Que eres un esclavo Neo.
(Abre una cajita) - Ésta es tu última oportunidad.
Después, ya no podrás echarte atrás.
Si tomas la pastilla azul; fin de la historia.
Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer.
Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas
y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos.
(Neo coge la pastilla roja)
Recuerda: lo único que te ofrezco es la verdad.
Nada más.
(Neo la coge y se la toma).
Morfeo y Nemo
En 'Matrix 



Dejar de ser pueblo es imposible,
viene incluido en tinta invisible en la nómina y en el irpf,
otra cosa es que algunos, unos cuantos,
alucinen en colores y crean que son lo que no son.
Más temprano que tarde,
a las cenicientas les llegan sus campanadas.
Ya no hay cómo *robar*,
la cueva se llenó de ladrones,
de los más grandes, y no dan más carnets
hasta la próxima feria de las vanidades.
Cuando un ponzi se va a la mierda,
los de abajo son los que pagan.
El plan de pensiones de los trabajadores confundidos,
y las tarjetas gold&platinum
les prejubilarán sin júbilo,
dejarán sin trabajo a sus hijos e hijas,
a sus nueras, yernos y a sus nietos,
y tendrán que liquidar a la baja los ahorros
que les malversan los putosbrockers
para mantener con sus pensiones
o con sus salarios a toda la familia,
a la cercana y a la extensa,
que lleva meses haciendo los petates
y volviendo a los orígenes,
lo que es como decir,
a la casa de padres y de abuelos
a cazar un plato de lentejas o de macarrones
en días alternos...
"¡Es la masificación de la bolsa, estúpidos!"
- debería rezar algún titular que hoy calla como alcahueta,
algún titular libre de culpa
y capaz de lanzar la primera piedra.
TdG




 

Gracias a Osvaldo que me la envía y que la agradece a Julio



Compensación
de Hans Magnus Enzensberger

La palabra lucha nos viene ya grande
Nuestras pequeñas traiciones nos bastan
para seguir avanzando
casi sin esfuerzo
Victorias a montones
que acaban en una dulce derrota
¡La cama tiene tantas patas!
¿Quién sería capaz
de aserrarlas todas a un tiempo?
¡Tantas prebendas!
¿Quién se desprendería de ellas
de la noche a la mañana?
Entre somníferos y anfetaminas
todas esas diferencias
entre putas de izquierdas y de derechas
desbordan a veces
mi capacidad de discernimiento
La mayor tentación es quizá la de
acurrucarse y esconderse
donde no llegue la luz
La menor
leer la «Dialéctica negativa»
sin perder de vista el mercado de colocaciones.
Ser de tal manera bisojo
lo reputo agobiador
A veces pienso con toda modestia
que soy un cíclope
Entonces dejo que suene el teléfono
días enteros.




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'Pequeña historia de un gran amor'
Male price o velikoj ljubavi

Zabranjeno Pušenje

  











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Morfeo: -- Ya era hora.
Es un honor conocerte.
Neo: -- El honor es mío.
 
 

 



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16 octubre 2011

Generación sin futuro

En una época de engaño universal,
decir la verdad es un acto revolucionario.
George Orwell
 
 
 
 
 
 
 
Generación sin futuro
por Ignacio Ramonet
 

"El mundo será salvado, si puede serlo, sólo por los insumisos."
André Gide


Primero fueron los árabes, luego los griegos, a continuación los españoles y los portugueses, seguidos por los chilenos y los israelíes; y el mes pasado, con ruido y furia, los británicos. Una epidemia de indignación está sublevando a los jóvenes del mundo. Semejante a la que, desde California hasta Tokio, pasando por París, Berlín, Madrid y Praga, recorrió el planeta en los años 1967-1968, y cambió los hábitos de las sociedades occidentales. En una era de prosperidad, la juventud pedía paso entonces para ocupar su espacio propio.

Hoy es diferente. El mundo ha ido a peor. Las esperanzas se han desvanecido. Por vez primera desde hace un siglo, en Europa, las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. El proceso globalizador neoliberal brutaliza a los pueblos, humilla a los ciudadanos, despoja de futuro a los jóvenes. Y la crisis financiera, con sus "soluciones" de austeridad contra las clases medias y los humildes, empeora el malestar general. Los Estados democráticos están renegando de sus propios valores. En tales circunstancias, la sumisión y el acatamiento son absurdos. En cambio, las explosiones de indignación y de protesta resultan normales. Y se van a multiplicar. La violencia está subiendo...

Aunque, en concreto, el formato mismo del estallido no es semejante en Tel Aviv y Santiago de Chile o Londres. Por ejemplo, la impetuosa detonación inglesa se ha distinguido, por su alto grado de violencia, del resto de las protestas juveniles, esencialmente no violentas (aunque no hayan faltado los enfrentamientos puntuales en Atenas, Santiago de Chile y varias capitales).

Otra diferencia esencial: los amotinados ingleses, quizás por su pertenencia de clase, no supieron verbalizar su desazón. Ni pusieron su furor al servicio de una causa política. O de la denuncia de una iniquidad concreta. En su guerrilla urbana, ni siquiera saquearon con ira sistemática los bancos... Dieron la (lamentable) impresión de que sólo las maravillas de los escaparates atizaban su rabia de desposeídos y de frustrados. Pero, en el fondo, como tantos otros "indignados" del mundo, estos revoltosos expresaban su desesperación, olvidados por un sistema que ya no sabe ofrecerles ni un puesto en la sociedad, ni un porvenir.

Un rasgo neoliberal que, de Chile a Israel, irrita particularmente es la privatizacion de los servicios públicos. Porque significa un robo manifiesto del patrimonio de los pobres. A los humildes que no poseen nada, les queda por lo menos la escuela pública, el hospital público, los transportes públicos, etc. que son gratuitos o muy baratos, subvencionados por la colectividad. Cuando se privatizan, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (ha sido costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio. Es una doble injusticia. Y una de las raíces de la ira actual.

A este respecto, para justificar la furia de los insurrectos de Tottenham, un testigo declaró: "El sistema no cesa de favorecer a los ricos y de aplastar a los pobres. Recorta el presupuesto de los servicios públicos. La gente se muere en las salas de espera de los hospitales después de haber esperado a un médico una infinidad de horas..." (1).  

En Chile, desde hace tres meses, decenas de miles de estudiantes, apoyados por una parte importante de la sociedad, reclaman la desprivatización de la enseñanza (privatizada bajo la dictadura neoliberal del general Pinochet, 1973-1990). Exigen que el derecho a una educación pública y gratuita de calidad sea inscrito en la Constitución. Y explican que "la educación ya no es un mecanismo de movilidad social. Al contrario. Es un sistema que reproduce las desigualdades sociales" (2). A fin de que los pobres sean pobres para la eternidad...

En Tel Aviv, el 6 de agosto pasado, al grito de "¡El pueblo quiere la justicia social!", unas 300.000 personas se manifestaron en apoyo al movimiento de los jóvenes "indignados" que piden un cambio en las políticas públicas del gobierno neoliberal de Benyamin Netanyahou (3). "Cuando a alguien que trabaja –declaró una estudiante– no le alcanza ni siquiera para comprar de comer es que el sistema no funciona. Y no es un problema individual, es un problema de gobierno." (4).

Desde los años 1980 y la moda de la economía reaganiana, en todos estos países –y singularmente en los Estados europeos debilitados hoy por la crisis de la deuda–, las recetas de los gobiernos (de derechas o de izquierdas) han sido las mismas: reducciones drásticas del gasto público, con recortes particularmente brutales de los presupuestos sociales. Uno de los resultados ha sido el alza espectacular del paro juvenil (en la Unión Europea: 21%; en España: ¡43%!). O sea, la imposibilidad para toda una generación de entrar en la vida activa. El suicidio de una sociedad.

En vez de reaccionar, los gobiernos, espantados por los recientes derrumbes de las Bolsas, insisten en querer a toda costa satisfacer a los mercados. Cuando lo que tendrían que hacer, y de una vez, es desarmar a los mercados (5). Obligarles a que se sometan a una reglamentación estricta. ¿Hasta cuándo se puede seguir aceptando que la especulación financiera imponga sus criterios a la representación política? ¿Qué sentido tiene la democracia? ¿Para qué sirve el voto de los ciudadanos si resulta que, a fin de cuentas, mandan los mercados? 

En el seno mismo del modelo capitalista, las alternativas realistas existen. Defendidas y respaldadas por expertos internacionalmente reconocidos. Dos ejemplos: el Banco Central Europeo (BCE) debe convertirse en un verdadero banco central y prestarle dinero (con condiciones precisas) a los Estados de la eurozona para financiar sus gastos. Cosa que le está prohibida al BCE actualmente. Lo que obliga a los Estados a recurrir a los mercados y pagar intereses astronómicos... Con esa medida se acabaría la crisis de la deuda.

Segundo: dejar de prometerlo y pasar a exigir ya la Tasa sobre las Transacciones Financieras (TTF). Con un modesto impuesto de un 0,1% sobre los intercambios de acciones en Bolsa y sobre el mercado de divisas, la Unión Europea obtendría, cada año, entre 30.000 y 50.000 millones de euros. Suficiente para financiar con holgura los servicios públicos, restaurar el Estado de bienestar y ofrecer un futuro luminoso a las nuevas generaciones.

O sea, las soluciones técnicas existen. Pero ¿dónde está la voluntad política?


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(1) Libération, París, 15 de agosto de 2011.
(2) Le Monde, París, 12 de agosto de 2011.
(3) Según una encuesta, las reivindicaciones de los "indignados" israelíes cuentan con la aprobación del 88% de los ciudadanos. (Libération, op. cit.)
(4) Le Monde, París, 16 de agosto de 2011.
(5) Léase I. Ramonet, "Desarmar a los mercados", Le Monde diplomatique en español, diciembre de 1997.


Fuente:
www.monde-diplomatique.es
Sept. 2011
 
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El año que vivimos despertando
la voz colectiva
 
 
 
 
 
 
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