El President de la Generalitat - Pasqual Maragall -PSC - por el pacto TRIPARTITO DE IZQUIERDAS
Como podrás ver, a la derecha salen los porcentajes del Referéndum por el Estatut... Y LA ABSTENCIÓN NO SALE EN LA FOTO...
Lo que señalo es una obviedad, pero aunque sabido, estamos en un bucle... Si votamos las medianías que ofrecen, de las cuales después dirán que apenas pudieron cumplir, y con suerte, un 30%, y sí habrán hecho una cantidad de inversiones, y tejes y manejes no programáticos que juzgamos innecesarios, los cambios no llegan jamás; si militamos en un partido y queremos más socialismo, nos unimos a los 'radicales' que no son bienvenidos a las asambleas...; y si no votamos, no salimos ni en los telediarios, o se 'manosean' nuestras intenciones, simplemente porque es imposible saber por qué no hemos ido a votar.
Me gustaría conocer tu opinión sobre este tema.
Deberíamos preguntarnos por qué tanta gente no se siente concernida por las citas electorales
Joan Coscubiela Secretario general de CCOO-Catalunya
Un día más nos hemos encontrado con una controversia política incomprensible para la ciudadanía. Ahora tocaba discutir sobre el día más propicio para celebrar las elecciones catalanas. Nada nuevo si no fuera porque una vez más se trasladan a la sociedad dos imágenes, a cual más negativa. De un lado, se evidencia que las preocupaciones políticas se refieren no a los problemas de la gente sino a sus cuitas tacticistas. De otra, se empeñan en trasladar problemas y conflictos entre ellos y no soluciones.
Lo más preocupante es que la polémica se justifique en base a la necesidad de propiciar la participación. No niego que el día elegido tenga su incidencia, pero creo que las causas de la abstención son un poco más profundas. Salvo que se piense que todo se limita a que algunos ciudadanos no votan porque en verano prefieren la playa, en otoño recoger setas, en invierno esquiar y el resto de meses sufren astenia primaveral.
Si de verdad nos preocupa la participación política habrá que comenzar por asumir que las reflexiones y debates sobre la elevada abstención en el referéndum del Estatut fueron poco pedagógicos. Disculpen lo ridículo o ingenuo que les pueda parecer que alguien a estas alturas relacione política y pedagogía. Es cierto que la reacción del Partido Popular manipulando antidemocráticamente y apropiándose groseramente de la abstención debía tener una respuesta. Pero ni el PP puede ser la coartada para justificar esa tendencia a las reacciones fuenteovejunescas, a la que nos estamos acostumbrando la sociedad catalana y que tanto nos empobrece. Ni las respuestas que se dieron podían negar el problema y ofrecer explicaciones autocomplacientes.
SE HA LLEGADO a decir que era una expresión de madurez democrática de la sociedad. Quienes así argumentaban debían haber añadido que para ellos la sociedad no es de ciudadanos, sino de clientes. Sin duda la abstención tiene causas muy diversas y complejas que van más allá de nuestras fronteras. Pero si es verdad, como dicen los expertos, que una parte de la abstención se consolida estructuralmente entre colectivos que no se sienten concernidos por las citas electorales, quizá haya llegado el momento de hacerse algunas preguntas. ¿Son todos ellos individualistas acérrimos o pasotas irredimibles? ¿O es posible que entre los abstencionistas nos encontremos a ciudadanos que están asociados en entidades diversas y jóvenes activos en movimientos sociales?
Existe la posibilidad de que algunos no participen porque no se identifican en el espejo de las preocupaciones y las propuestas políticas. Me explico. ¿Qué debe de pensar un ciudadano al que se le exige que con un salario familiar medio pague tasas por tener a sus padres perceptores de pensiones mínimas ingresados en una residencia, mientras comprueba que la derecha quiere hacer desaparecer el impuesto de donaciones y sucesiones y alguna izquierda propone como alternativa reducir el impuesto a la mínima expresión con la excusa de que los más ricos ya se escapan del impuesto con triquiñuelas y eso es injusto para las clases medias?
¿Qué debe de pensar un ciudadano que utiliza cada día para ir a trabajar unos transportes públicos saturados e insuficientes, cuando comprueba que el debate sobre la movilidad se centra exclusivamente en el rescate de los peajes y él forma parte del 55% de personas mayores de 18 años que no tienen coche? ¿Qué deben de pensar los trabajadores que comprueban que las plusvalías obtenidas en bolsa están gravadas con el 15% y él paga mucho más por los ingresos de sus salarios? ¿Qué deben de pensar algunos jóvenes cuando ven que no pueden acceder a una vivienda y las instituciones no se atreven a poner límites al uso especulativo de la propiedad privada, mientras en países como Dinamarca gobiernos de centroderecha aplican a través de sus municipios políticas de alquiler forzoso de los inmuebles desocupados por sus propietarios?
PUESTOS A preguntarnos, podríamos indagar sobre el mayor diferencial de abstención cuando se trata de las elecciones autonómicas. Y preguntarnos si se está consolidando una ruptura emocional entre una parte de la ciudadanía y la manera de entender Catalunya y sus instituciones por parte de la mayoría de dirigentes políticos y sociales del país. Soy consciente de que la realidad es muy compleja y de que el problema no es exclusivo de la política y los políticos, pero no debería ser ajeno a nadie, ni ser minimizado o frivolizado. Necesitamos, además, preguntarnos por qué una parte de estas personas consideran que los intereses que están en juego no son los suyos o bien que su voto no le sirve para defenderlos. Aunque un servidor continuará insistiendo, de manera machacona y convencida, en aquello de que "cuando los trabajadores no votan, alguien lo hace en su nombre y contra sus intereses".
El Periodico
Gracias a COMFIA - CCOO

