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15 abril 2006

Boadella: "El nacionalismo es un tema tabú y los que no lo hemos respetado hemos pagado caro"

«Hay también todavía un antifranquismo compulsivo, y hay quien actúa como si todavía Franco estuviera vivo», asegura el dramaturgo y director catalán.

En 1977, Albert Boadella no tuvo tiempo de traer a Madrid «La torna». La historia es conocida; dos meses después de su estreno, la obra fue prohibida por la autoridad militar y poco después Boadella era encarcelado por injurias a las Fuerzas Armadas. La fuga de dramaturgo y director -muy teatral, como no podía ser de otra manera-, en febrero de 1978, la víspera del consejo de guerra que le esperaba, alimentó la leyenda de Els Joglars, el grupo creado y dirigido por Boadella, que ha sido en las últimas décadas una de las puntas de lanza de la escena española. El jueves próximo llegará al teatro Bellas Artes de Madrid «La torna de La torna», una revisión del espectáculo presentado entonces.

«Els Joglars no cultiva el repertorio -se justifica Boadella-, no suele repetir obras, pero recientemente se han descubierto algunas cosas sobre el personaje que inspiró «La Torna», Heinz Chez (que no era polaco ni apátrida, sino un ciudadano de la RDA), que nos afianzan la seguridad de que aquella ejecución fue un crimen de Estado».

Proceso de actualización

Devolver a la vida aquel histórico montaje ha necesitado de un proceso de actualización: «hay cierta ampliación, con personajes de más y un preámbulo inicial para ponerlo en la tesitura de la época. Las jóvenes generaciones desconocen cómo estaba esa época. Casos como el que narra «La torna» siguen ocurriendo; ya no en España ni en la Europa democrática, pero sí en otros lugares del mundo, donde se siguen llevando a cabo penas de muerte arbitrarias. Existe, claro, un lado moralizante, porque el teatro debe de tener ese aspecto moralizador; al fin y al cabo, es algo que ha ocurrido en España no hace mucho tiempo».

Ha dicho muchas veces Boadella que aquel episodio marcó su vida. «Siempre he sido muy asilvestrado, y no tuve la prudencia necesaria. Me equivoqué al pensar que la democracia estaba ya consolidada; me equivoqué en la forma, porque la obra era directa, esperpéntica, casi salvaje. Tras la detención, llegué a pensar que las cosas se podían poner muy difíciles; y por eso me tomé la libertad por mi cuenta».

Para Boadella, hoy se puede decir casi de todo sobre un escenario; «no hay más límites que el código penal. Las amenazas a la libertad de expresión son de orden distinto: la autocensura. Hay temas tabúes, como puede ser ahora el Islamismo; el pánico y la amenaza terrorista son una coacción a la libertad de expresión. Hay que pensar que estamos tratando con el medievo, y eso complica mucho las cosas». Pero no hay que irse tan lejos. «También hay temas tabúes en países más abiertos. En Cataluña, por ejemplo, el nacionalismo ha sido un tema tabú, y los que no lo hemos respetado hemos pagado tributos muy altos. Las Adminsitraciones tienen el poder de elegir a quién dan los medios necesarios para hacer arte, y ejercen ese poder».

La memoria es, para el dramaturgo, una forma de aprendizaje. «Los pueblos enferman igual que las personas: paranoia, esquizofrenia, depresión, y conocer la realidad es la mejor forma de que una colectividad no enferme. Y ahí entra el conocimiento de la historia». Hay, claro, intereses políticos en ese conocimiento. «La realidad más reciente tiene ese peso. Por ejemplo, ahora ponemos la mirada sobre la Segunda República, y podemos ver que quizás no fue tan extraordinaria como la pintaron, y que sus Gobiernos tuvieron buena parte de la responsabilidad de la guerra civil. Hay también todavía un antifranquismo compulsivo, y hay quien actúa como si todavía Franco estuviera vivo».


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