Pero desde el punto de vista de ustedes, estamos absolutamente locos, y ustedes no saben qué clase de acontecimiento histórico llevó a esta locura. "Los padres comieron frutos amargos, y los hijos tienen dentera". Para los padres, todo está en regla, pues saben lo que comieron. Los hijos no conocen lo que se comió.
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Durante siglos los hombres han sentido que la traición en una tregua o en un tratado de paz es peor que un engaño en la batalla. Este principio ético cuenta hoy día con un apoyo teórico y científico riguroso. Ahora la ética puede ser encarada con formalización, rigor, lógica, matemática y perspectivas similares, y se apoya sobre una base distinta del puro sermoneo y la invocación. No tenemos que tantear el camino; a veces podemos conocer la distinción entre lo bueno y lo malo.
G.B.
De 'Ecología de la mente' de Gregory Bateson
Destacando
'La desmoralización de esa nación era lo esperable después de un tratamiento como aquél.'
'Sigue y sigue. La tragedia de desconfianza, odio y destrucción oscilantes y autopropagantes a través de las generaciones.'
'Los padres comieron frutos amargos, y los hijos tienen dentera.'
'Consideremos qué puede esperarse de la gente en el período que sigue a una gran decepción.'
'Ustedes tienen absoluta razón al sentir que algo anda mal, y que lo que anda mal tiene que ver con el engaño y la hipocresía. Ustedes viven en medio de la corrupción.'
De Versalles a la cibernética
por Gregory Bateson
Tengo que hablar sobre la historia reciente tal como se me presenta a mí en mi generación y a ustedes en la suya, y cuando volaba en el avión esta mañana, algunas palabras comenzaron a resonar en mi mente. Eran frases más tronantes que cualquiera que ya podría componer. Uno de esos grupos de palabras era: ?Los padres comieron frutos amargos y los hijos tienen dentera?. Otra era la aserción de Joyce de que ?la historia es esa pesadilla que no tiene despertar?. Otra era: ?Los pecados de los padres recaerán sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me odian?. Y por último, no tan relevante, pero creo que también es pertinente para el problema del mecanismo social: ?Quien desea hacer bien a otros tiene que hacerlo en cosas minúsculas y particulares. El Dios en General es la excusa del bribón, el mentiroso y el adulador?.
Estamos hablando de casas serias. Puse por título a esta conferencia ?Versalles y la cibernética?, mentando así los dos hechos más importantes del siglo XX. La palabra ?cibernética? les es familiar a ustedes, ¿no es cierto? ¿Pero cuántos de ustedes saben lo que sucedió en Versalles en 1919?
La cuestión es: ¿Qué se considerará importante en la historia de los últimos sesenta años? Yo tengo sesenta y dos años, y cuando comencé a pensar en los acontecimientos históricos que he visto durante ese tiempo, me pareció que sólo presencié dos momentos que podría evaluar como realmente importantes desde el punto de vista de un antropólogo. Uno está integrado por los momentos que condujeron al Tratado de Versalles, y el otro fue la irrupción de la cibernética.
Tal vez les sorprenda o escandalice que no mencione la Bomba A y ni siquiera la Segunda Guerra Mundial. No he mencionado la difusión del automóvil ni la de la radiofonía y la televisión, ni tampoco muchas otras cosas que han ocurrido en los últimos sesenta años
Permítaseme formular mi criterio de importancia histórica.
Los mamíferos en general, y nosotros entre ellos, nos preocupamos extremadamente, no de los episodios, sino de los patrones de las relaciones que median entre ellos.
Cuando ustedes abren la heladera y aparece el gato de la casa y hace ciertos ruidos, no está hablando de hígado ni leche, aunque ustedes pueden saber muy bien que eso es lo que apetece. Ustedes pueden conjeturar con acierto, y dárselo, si es que queda en la heladera. Lo que el gato dice en realidad es algo relacionado con la relación entre él y ustedes, Si tradujeran su mensaje a palabras, sería algo así como ?dependencia, dependencia, de pendencia?. De hecho, el gato está hablando de un patrón bastante abstracto dentro de una relación. A partir de esta aseveración de un patrón, se espera de ustedes que desciendan de lo general a lo específico, que deduzcan ?leche? o ?hígado?.
Esto es capital. Es lo que interesa a los mamíferos. Les interesan los patrones de relación, la situación en que se encuentran en lo que respecta al amor, odio, respeto, dependencia, confianza y abstracciones semejantes respecto de algún otro.
Aquí es donde nos duele que nos defrauden. Si confiamos en alguien o en algo, y descubrimos que el objeto no merecía la confianza; o si desconfiamos y compruebo que aquello de lo que desconfiábamos era en realidad confiable, nos sentimos mal. El dolor que los seres humanos y todos los otros mamíferos pueden sufrir por esta clase de errores es extremado.
Si, por consiguiente, queremos realmente saber cuáles son los puntos significativos en la historia, tenemos que preguntar cuáles son los momentos de la historia en que se produjo un cambio de actitud. Esos son los momentos en que la gente se siente herida porque se han cuestionado sus valores precedentes.
Pensemos en el termostato doméstico que tenemos en nuestras casas. El tiempo cambia afuera; la temperatura de la habitación desciende: el termómetro colocado en la sala de estar cumple su misión y conecta la caldera, y la caldera templa la habitación y cuando la habitación está caliente desconecta nuevamente la caldera. Esto es lo que se llama un circuito homeostático o servocircuito.
Pero en la pared de la sala de estar hay también una cajita, mediante la cual ustedes pueden regular el termostato. Si la casa estuvo muy fría la última semana, ustedes tienen que desplazarlo de su punto de regulación actual para hacer que el sistema oscile en torno de un nuevo nivel. Cualquiera sea la cantidad de calor o frío que haya afuera de la casa, la regulación no cambiará, y a ésta se la denomina ?distorsión? del sistema. La temperatura de la casa oscilará, estará más fría o más caliente de acuerdo con distintas circunstancias, pero la regulación del mecanismo no cambiará por esos cambios. Pero si ustedes van y ustedes modifican esta distorsión, cambiarán aquello que podríamos denominar la ?actitud?. Análogamente, la pregunta importante en lo que hace a la historia es: ¿Ha cambiado la distorsión o la regulación?
Las alternativas episódicas de los acontecimientos dentro de los límites de una regulación carecen de importancia. Con este pensamiento ante la mente, dije que los dos acontecimientos más importantes de mi vida fueron el Tratado de Versalles y el descubrimiento de la Cibernética.
La mayoría de ustedes difícilmente conozca de qué manera se originó el Tratado de Versalles. La historia es muy simple. La Primera Guerra Mundial se alargaba y alargaba; era bastante evidente que los alemanes la estaban perdiendo. En ese momento, George Creel, un especialista en relaciones públicas ?y quisiera que ustedes no olvidaran que ese hombre fue el abuelo de las relaciones públicas modernas? tuvo una idea: la idea fue que tal vez los alemanes se rindieran si se les ofreciera un armisticio con condiciones benévolas.
Redactó entonces un conjunto de condiciones benévolas, de acuerdo con las que no existirían medidas punitivas. Esas condiciones se formularon en Catorce Puntos. Esos Catorce Puntos fueron presentados al presidente Wilson. Cuando ustedes quieran engañar a alguien, lo mejor que pueden hacer es elegir una persona honesta para que lleve el mensaje. El presidente Wilson era un hombre casi patológicamente honesto y un humanitario. Desarrolló los Puntos en una serie de discursos: no habría ?anexiones, contribuciones, destrozos punitivos?? y cosas por el estilo. Y los alemanes se rindieron.
Nosotros, los británicos y los estadounidenses ?especialmente los británicos? seguimos, por supuesto, bloqueando a los alemanes, porque no queríamos que ?se les subieran los humos? antes de que el Tratado se firmase. Entonces, durante un año más, siguieron muriéndose de hambre.
La Conferencia de la Paz ha sido vívidamente descripta por Maynard Keynes en 'The Economic Consequences of the Peace' (1919).
La redacción final del Tratado estuvo en manos de cuatro hombres: Clemenceau, el ?Tigre?, que quería aplastar a Alemania; Lloyd George, quien consideraba que sería políticamente conveniente arrancar a Alemania un montón de indemnizaciones y un poquito de venganza, y Wilson, que tuvo que ser engañado todo el tiempo.
Cada vez que Wilson preguntaba por sus Catorce Puntos, lo sacaban a visitar los cementerios de guerra y le hacían sentirse avergonzado de no estar airado con los alemanes. ¿Quién era el otro? Ah, sí. Orlando, un italiano.
Esta fue una de las más grandes felonías de la historia de nuestra civilización.
Un acontecimiento sumamente extraordinario, que llevó de manera directa e inevitable a la Segunda Guerra Mundial.
También llevó (y ello es tal vez más interesante que el hecho de que llevara a la Segunda Guerra Mundial) a la desmoralización total de la política alemana.
Si usted promete algo a su hijo y luego reniega de ello, envolviendo todo en una gran frase mora], probablemente compruebe que el chico no sólo se enojará mucho con usted, sino que sus propias actitudes morales se deterioran mientras sienta el injusto latigazo de lo que usted le hizo. No sólo se trata de que la Segunda Guerra Mundial haya sido la respuesta adecuada de una nación tratada de esa manera; lo que importa más es que la desmoralización de esa nación era lo esperable después de un tratamiento como aquél. A partir de la desmoralización de los alemanes, también nosotros nos desmoralizamos. Por eso digo que el Tratado de Versalles fue una encrucijada actitudinal.
Imagino que tenemos por delante otro par de generaciones para digerir los efectos de aquella felonía. Somos, de hecho, como los miembros de la casa de Atreo, en la tragedia griega. Primero vino el adulterio de Tiestes; luego la matanza de los tres hijos de Tiestes por Atreo, quien se los dio a comer a Tiestes en un festín para ?hacer la paz?. Luego el asesinato del hijo de Atreo, Agamenón, por el hijo de Tiestes, Egisto; y por último, el asesinato de Egisto y Clitemnestra por Orestes.
Sigue y sigue. La tragedia de desconfianza, odio y destrucción oscilantes y autopropagantes a través de las generaciones.
Quisiera que ustedes imaginaran que se encuentran en el medio de una de estas secuencias de tragedia. ¿Qué sucede en la generación intermedia de la casa de Atreo?: Viven en un universo enloquecido.
Desde el punto de vista de las personas que comenzaron la perturbación, no es tan enloquecido; saben lo que sucedió y cómo llegaron a ello. Pero las personas que estaban en los peldaños inferiores, que no habían presenciado los orígenes, se encontraron viviendo en un universo enloquecido, y se encontraron a sí mismos en la locura, precisamente porque no sabían cómo hablan llegado allí.
Nada hay en contra de ingerir una dosis de LSD: usted tendrá la experiencia de estar más o menos loco, pero tiene bastante sentido, porque usted sabe que tomó la dosis de LSD. Si, en cambio, usted toma la LSD por accidente y luego siente que enloquece, sin saber cómo llegó a ello, es una experiencia aterrorizante y horrible. Y mucho más seria y terrible, muy diferente del ?viaje? que usted disfruta si sabe que tomó LSD.
Consideremos ahora la diferencia entre mi generación y ustedes, que están debajo de los veinticinco años. Todos vivimos en el mismo universo enloquecido, cuyo odio, desconfianza e hipocresía se relacionan (especialmente en el nivel internacional) con los Catorce Puntos y el Tratado de Versalles.
Los de más edad sabemos cómo hemos llegado aquí.
Puedo recordar a mi padre leyendo los Catorce Puntos en la mesa del desayuno diciendo: ?¡Gracias a Dios! ¡Les van a dar un armisticio decente, una paz decente!?, o algo parecido. Y puedo recordar, pero no intentaré verbalizar, lo que dijo cuando se hizo público el Tratado de Versalles. No sería posible imprimirlo. Por consiguiente, sé más o menos cómo llegamos aquí.
Pero desde el punto de vista de ustedes, estamos absolutamente locos, y ustedes no saben qué clase de acontecimiento histórico llevó a esta locura. ?Los padres comieron frutos amargos, y los hijos tienen dentera?. Para los padres, todo está en regla, pues saben lo que comieron. Los hijos no conocen lo que se comió.
Consideremos qué puede esperarse de la gente en el período que sigue a una gran decepción.
Antes de la Primera Guerra Mundial se suponía en general que las concesiones y un poco de hipocresía son un ingrediente muy importante de la comodidad ordinaria de la vida. Si ustedes leen Erewhon, de Samuel Butler, por ejemplo, comprenderán lo que quiero decir. Todos los personajes principales de la novela se han metido en un lío terrible: algunos han sido condenados a muerte y aguardan la ejecución; otros tienen ante sí un escándalo público, y el sistema religioso de la nación está amenazado de un colapso inminente. Estos desastres y enredos son conjurados por la señora Ydgrun -o, como diríamos nosotros, por la ?Señora Grundy? (2)-, custodio de la moral erewhoniana. Y lo logra reconstruyendo cuidadosamente los acontecimientos, como si fueran un rompe cabezas de figuras irregulares, de manera que nadie es lastimado ni deshonrado... y mucho menos ejecutado.
Esta filosofía era muy cómoda. Un poco de condescendencia y un poco de compromiso aceitan las ruedas de la vida social. Pero después de la gran decepción, esta filosofía es insostenible.
Ustedes tienen absoluta razón al sentir que algo anda mal, y que lo que anda mal tiene que ver con el engaño y la hipocresía. Ustedes viven en medio de la corrupción.
Por supuesto las respuestas espontáneas de ustedes son puritanas. No sexualmente puritanas, porque el engaño precedente no ha sido sexual. Pero sí un puritanismo extremo frente a las concesiones, un puritanismo frente a la hipocresía, y el resultado de ello es una reducción de la vida a trozos pequeños. Lo que parece haber acarreado la amencia son las estructuras mayores e integradas, y por eso ustedes se concentran en las cosas minúsculas. ?Quien desea hacer bien a otros tiene que hacerlo en cosas minúsculas y particulares. El Dios en General es la excusa del bribón, el mentiroso y el adulador?. El bien general huele a hipocresía a la actual generación.
No dudo que si ustedes hubieran pedido a George Creel que justificara los Catorce Puntos, él habría insistido en su conveniencia para el bien general. Es posible que su pequeña intervención haya salvado algunos pocos millares de vidas estadounidenses en 1918. Ignoro cuántas costó en la Segunda Guerra Mundial y luego en Corea y Vietnam. Recuerdo que Hiroshima y Nagasaki se justificaron apelando al bien general y a la salvación de vidas estadounidenses. Se habló mucho de ?rendición incondicional?, quizá porque no confiábamos en nuestra capacidad de hacer honor a un armisticio condicional.
¿Se decidió en Versalles el destino de Hiroshima?
Quiero referirme ahora al otro acontecimiento históricamente significativo que tuvo lugar en mi vida, aproximadamente en 1946-1947. Fue la coalescencia de algunas ideas que se habían desarrollado en distintos lugares durante la Segunda Guerra Mundial. A la acumulación de esas ideas podemos denominarla ?cibernética? o teoría de la información o teoría de los sistemas. Las ideas se generaron en distintos lugares: en Viena, por Bertalanffy; en Harvard, por Wiener; en Princeton, por von Neumann; en los laboratorios de la BelI Telephone, por Shannon; en Cambridge, por Craik, etcétera. Todos estos procesos, que se desarrollaron en distintos centros intelectuales, se ocupaban de problemas de la comunicación, en especial de qué es un sistema organizado.
Observarán ustedes que todo lo que digo sobre la historia y sobre Versalles es un análisis de sistemas organizados y de sus propiedades. Ahora quiero decir que estamos elaborando un cuerpo de conceptos científicos rigurosos de esos sistemas organizados, que están llenos de misterios. Nuestro conocimiento actual está muy adelantado respecto de cualquier cosa que George Cree pudiera decir. Era un cultor de la ciencia aplicada, pero antes de que la ciencia estuviera madura para ser aplicada.
Una de las raíces de la cibernética se remonta a Whitehead y Russell y es lo que se llama la Teoría de los Tipos Lógicos. En principio, el nombre no es la cosa nombrada, y el nombre del nombre no es el nombre, y así sucesivamente. En términos de esta potente teoría, un mensaje sobre la guerra no es una parte de la guerra.
Daré un ejemplo: el mensaje ?Juguemos al ajedrez? no es una jugada del juego del ajedrez. El mensaje: ?Hagamos la paz en tales y tales términos? no pertenece al mismo sistema ético que los engaños y las estratagemas de una batalla. Dicen que en la guerra y en el amor vale todo, y quizá sea verdad dentro de la guerra y el amor, pero fuera de la guerra y el amor y en lo que se dice o se hace acerca de ellos, la ética es un poco diferente.
Durante siglos los hombres han sentido que la traición en una tregua o en un tratado de paz es peor que un engaño en la batalla. Este principio ético cuenta hoy día con un apoyo teórico y científico riguroso. Ahora la ética puede ser encarada con formalización, rigor, lógica, matemática y perspectivas similares, y se apoya sobre una base distinta del puro sermoneo y la invocación. No tenemos que tantear el camino; a veces podemos conocer la distinción entre lo bueno y lo malo.
Coloco a la cibernética en el rango de segundo acontecimiento de importancia en mi vida porque tengo por lo menos una tenue esperanza de que podemos obligarnos a utilizar esta nueva comprensión con un mínimo de honestidad. Si entendemos algo, aunque sea poco, de lo que estamos haciendo, acaso nos ayude para encontrar nuestra salida de este laberinto de alucinaciones que hemos creado en torno de nosotros.
De todas, maneras, la cibernética es un aporte al cambio, no simplemente un cambio de actitud, sino hasta un cambio en la comprensión de qué es una actitud.
La posición que adopté para elegir qué es lo importante en la historia ?al afirmar que lo que importa son los momentos en que se cambia la distorsión del termostato?, esta posición deriva directamente de la cibernética. Estos son pensamientos configurados por los acontecimientos que se inician en 1946.
Pero los lechones no deambulan por ahí asados y listos ya para la mesa.
Poseemos ahora un acervo de cibernética, un acervo de teoría de los juegos y el comienzo de una comprensión de los sistemas complejos. Pero cualquier conocimiento puede emplearse de modos destructivos.
Pienso que la cibernética es el mayor mordisco al fruto del Árbol del Conocimiento que la humanidad ha dado en los últimos 2000 años. Pero muchos de estos mordiscos a la manzana demostraron ser bastante difíciles de digerir, en general por razones cibernéticas.
La cibernética encierra una integridad que nos ayudará a no dejarnos seducir por ella para generar nuevas demencias, pero no podemos confiar en que ella nos proteja contra el pecado.
Por ejemplo, los departamentos de Estado de varias naciones emplean actualmente la teoría de los juegos, respaldada por computadoras, como método para decidir su política internacional.
Primero identifican las que parecen ser reglas del juego de la interacción internacional; consideran luego la distribución de fuerzas, armas, puntos estratégicos, agravios, etcétera, en la geografía y en las naciones identificadas. Entonces piden a la computadora que compute cuál debe ser nuestra próxima jugada para reducir al mínimo nuestras posibilidades de perder en el juego. La computadora arranca, entonces, jadea y emite una respuesta, y surge la tentación de obedecer a la computadora. Después de todo, si usted sigue la propuesta de la computadora, usted es algo menos responsable que si tomara la decisión por sí mismo.
Pero si usted hace lo que la computadora aconseja, con esa decisión está aseverando que apoya las reglas del juego que usted dictó a la computadora. Habrá reafirmado las reglas de ese juego.
Indudablemente, las naciones que están en el otro bando poseen también computadoras y están jugando juegos semejantes y reafirmando las reglas que dictan a sus computadoras. El resultado es un sistema en el cual las reglas de la interacción internacional se tornan más rígidas cada vez.
Mi opinión, que someto a la consideración de ustedes, es que lo que anda mal en el campo internacional, es que las reglas necesitan ser cambiadas.
La cuestión no es qué es lo mejor que puede hacerse dentro de las reglas existentes en este momento. La cuestión es cómo zafamos de las reglas que han estado funcionando durante los últimos diez o veinte años, desde el Tratado de Versalles.
El problema es cambiar las reglas, y en la medida en que dejemos que nuestras invenciones cibernéticas ?las computadoras? nos lleven a situaciones más rígidas cada vez, estaremos vejando y denigrando el primer progreso fértil en esperanzas que hemos logrado desde 1918.
Y, por supuesto, hay otros peligros latentes en la cibernética y muchos de ellos no han sido aún detectados. No sabemos, por ejemplo, qué efectos pueden resultar de la computarización de todos los legajos gubernamentales.
Pero de algo al menos tenemos seguridad: de que en la cibernética está también latente el medio para lograr una perspectiva nueva y tal vez más humana, un medio para cambiar nuestra filosofía del control y un medio para ver nuestras locuras con una perspectiva más amplia.
2) Personaje de la obra de Tom Morton, Speed the Plough (1798), una comadre de mentalidad estrecha y puritana, a la que se alude constantemente con la pregunta: ?¿Qué dirá la señora Grundy??, sin que aparezca nunca en escena.
De
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