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28 julio 2006

El peaje para circular por la zona central de Londres

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La implantación en Londres de una zona de peaje para el tráfico de vehículos privados comenzó en febrero de 2003. El sistema consiste en cobrar un peaje de 5 libras a aquellos vehículos que entran en el centro de Londres durante los días laborables de las 7.00 a las 18.30h. Naturalmente, hay vehículos exentos del peaje, pero los primeros estudios publicados a los dos años de implantado el peaje (Sean D. Beevers y David Carslaw, «The impact of congestion charging on vehicle emissions in London» Atmospheric Environment, 2005; 39: 1-5) muestran que se ha reducido un 15% la distancia vehículo-km que ha circulado por la zona, y la velocidad media ha aumentado un 20% (4 kmh-1).

La zona donde se aplica el peaje tiene una extensión de 22 km2 y supone el 1,3% del área del gran Londres. Esta experiencia piloto, sobre la que muchos responsables de la movilidad en las grandes y medianas ciudades de todo el mundo están atentos, no es la primera que se lleva a cabo, aunque sí es la primera en Europa. Una experiencia parecida llevada a cabo en Singapur desde 1975 aún se sigue aplicando y consiste en restringir la circulación en una zona de la ciudad, a la que sólo pueden acceder vehículos autorizados. Actualmente, las tarifas del peaje dependen del tipo de vehículo, la hora del día y el grado de congestión del tráfico en la zona a la que se accede. Desde que se aplica el peaje, el tráfico en Singapur se ha reducido un 20% y la velocidad ha aumentado un 33%, lo cual lleva a reducciones de las emisiones de un 30%.

En el Reino Unido se ha visto que la congestión del tráfico es una de las cuestiones fundamentales que inciden en el control de la polución local del aire y también la principal amenaza para el cumplimiento de los objetivos de emisiones con respecto a los compromisos asociados al protocolo de Kioto. A pesar de las dificultades de comparar las medidas de la polución correspondiente al tráfico durante los dos años que lleva implantado el peaje en Londres, debido a las condiciones meteorológicas especialmente complicadas durante el año 2003, el estudio presenta los datos obtenidos en cuanto a concentración de partículas PM10*, NO2 y ozono.

La conclusiones a que llegan los dos autores del trabajo son: que existe un efecto asociado al aumento de la velocidad de los vehículos y a la reducción de la congestión del tráfico. El aumento de velocidad que se produce por cambios experimentados a velocidades bajas es un factor aún más importante en cuanto a las emisiones, ya que a ese régimen las emisiones son muy grandes, y pequeños aumentos porcentuales provocan reducciones muy significativas. En cambio, la disminución de la distancia recorrida por los vehículos privados y el consiguiente aumento del transporte público comporta mayores emisiones de partículas. Este problema se ha atajado con filtros de partículas especialmente diseñados para la flota de autobuses. Finalmente, los autores muestran que la reducción del uso de vehículos privados también contribuye a la reducción de las emisiones de CO2.

Aunque el estudio al que hacemos referencia no las trata, también es de esperar que se reduzca la emisión de partículas de tamaño inferior a 10 mm presentes en la atmósfera de la zona con tráfico restringido. En efecto, los neumáticos y los frenos desprenden pequeñas partículas que es deseable se reduzcan, dada la menor distancia recorrida por los vehículos en el área restringida. Sin embargo, estas partículas tienen una dinámica complicada ya que si la velocidad es superior, su resuspensión es más efectiva.

Éste efecto y la determinación de las emisiones de todos los óxidos de nitrógeno, emitidos en su mayoría por los vehículos diesel pesados del transporte público, son las incertidumbres que se ciernen sobre el análisis final de los impactos de la restricción del tráfico; ello impide que el optimismo de las primeras valoraciones pueda confirmarse definitivamente.

* PM10 Particulate matter, partículas suspendidas.

Más información (*.pdf):
Mobility Services for Urban Sustainability: a European project for the City of Tomorrow

ECOTROPÍA (Barcelona)

27 julio 2006

La bicicleta ¿una alternativa al problema?

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La bicicleta ¿una alternativa al problema?


Los planificadores y urbanistas que trabajan en temas de movilidad urbana están de acuerdo en establecer el radio de acción teórico de la bicicleta en 7,5 kilómetros, umbral bajo el cual se sitúa su capacidad de captar viajes urbanos. En muchas ciudades con índices de congestión significativos la bicicleta ha demostrado ser uno de los medios de locomoción más rápidos y eficaces para los desplazamientos puerta a puerta. En todo caso se muestra mucho más rápida que el coche, que demuestra ser el medio de transporte más ineficaz (aunque, paradójicamente, sea el más utilizado) para los desplazamientos intraurbanos. La bicicleta tiene mayor maniobrabilidad, menor ocupación espacial y un bajo requerimiento de tiempo para su aparcamiento. Sin embargo, pese a sus múltiples ventajas espaciales, ambientales, económicas y sociales, su participación en el sistema de transportes de las ciudades de nuestro entorno es, en la mayoría de los casos, anecdótica.

No ocurre lo mismo en países del norte europeo donde la participación de la bicicleta en la movilidad es realmente importante, superando en muchos casos al transporte motorizado privado. Las cifras en este sentido son más que elocuentes: en 1995, frente a los veinticuatro kilómetros en bici que realizó de media un ciudadano del Estado Español, en los Países Bajos se efectuaron 1.019 kilómetros y en Dinamarca 958. O a través de otro indicador: en España son ciclistas habituales el 4,4 por ciento de la población, mientras que en los Países Bajos esta cifra se eleva hasta el 65,8 por ciento y en Dinamarca al 50,1.

A pesar de que son innumerables los factores que influyen en el uso de la bicicleta, tanto los de carácter físico (pendientes, distancias, clima...), como urbano (configuración urbana, sistema de transportes...), uno de los principales obstáculos para el uso urbano de la bicicleta parece encontrarse, cuanto menos en nuestro país, en las estructuras culturales. El rápido proceso de motorización desencadenado en los años sesenta relegó a la bicicleta, que hasta el momento constituía un medio de transporte habitual para el acceso a numerosos lugares como a los centros de trabajo, a una situación marginal. Actualmente, su uso se vincula más a un recurso de ocio y deportivo, olvidando frecuentemente su papel como medio de transporte, que de considerarse, se ve con cierto desprestigio. Frecuentemente se le asocia con ciertos estereotipos, como los que la consideran un medio de trasporte retrasado, exclusivo de personas sin recursos económicos o ecologistas. Parece ser que el excesivo papel que ha adquirido el coche en la escala social de valores tiene buena parte de responsabilidad a la hora de la elección del medio de transporte, que no se restringe a un mero cálculo material objetivo, sino que se encuentra muy determinada por factores ideológicos y culturales. Sobre éstos será preciso actuar a la hora de potenciar cualquier otro medio de locomoción alternativo como es el caso de la bicicleta.


Leer completo en:

La bicicleta ¿una alternativa real de transporte urbano? El caso de Vitoria-Gasteiz [1] - de Roberto Torres Elizburu