El imperio que dirige George Bush ha logrado imponer en la agenda de la opinión pública mundial el tema del terrorismo, como si fuera la prioridad absoluta. Es vergonzoso escuchar todos los días a dirigentes tanto de países ricos como de países pobres, hablar de la lucha contra el terrorismo como si fuera el problema más serio que enfrenta la humanidad, todo para complacer los dictados de la potencia norteamericana.
El doble lenguaje y la doble moral en la política exterior de Estados Unidos son bien conocidos desde hace varias décadas, sin distinción entre presidentes demócratas o republicanos. Por ejemplo, son tolerados por Estados Unidos los regímenes más autoritarios cuando conviene a su economía, pero esos mismos regímenes se convierten de la noche a la mañana en "sanguinarios dictadores que oprimen a sus pueblos", cuando amenazan los intereses económicos y comerciales de la potencia gringa.
Hace años había un chiste que decía: "Por qué nunca hay golpes militares en Estados Unidos?" Y la respuesta, casi científica, era: "Porque allí no hay Embajada de Estados Unidos". Hoy, podríamos parafrasear el chiste con algo más serio: "Por qué ha crecido el terrorismo en el mundo?" Y la respuesta lógica sería: "Debido al terrorismo de estado que alienta Estados Unidos en el planeta", ya sea directamente invadiendo países como Irak o Afganistán, o sosteniendo artificialmente potencias militares como Israel y Pakistán.
Nadie quiere vivir en un mundo librado al terrorismo. Mi propio hijo, Fabián, estaba hace un par de años en el mismo avión que Richard Reid, el tipo que intentó hacer estallar una bomba escondida en su zapato. Todos podemos ser víctimas del terrorismo, pero debemos entender que si Estados Unidos no agrediera a otras naciones y no se hubiera auto-nombrado el policía planetario, no habría una escalada terrorista mundial y los conflictos políticos y armados estarían restringidos a fronteras nacionales. En pocas palabras: Yanquees go home, es una expresión aún muy válida. Si el medio millón de tropas que Estados Unidos ha regado por el mundo regresara a su casa y cesara el apoyo a Israel, tendríamos sin duda bastante más paz que la que tenemos hoy.
Pero no quiero seguirle el juego a Bush y dedicarle este artículo al tema del terrorismo, sino afirmar que en realidad el terrorismo no es la primera, ni la segunda, ni la tercera, ni la décima prioridad para el 99% de los países del mundo. No es en absoluto una prioridad para la humanidad. Hay otras prioridades bien más urgentes, sin ir lejos la crisis humanitaria de Darfur en Sudán (donde Sybille, mi hija mayor, se encuentra trabajando en este momento), la mortalidad infantil, la discriminación y el racismo, las agresiones cotidianas contra los territorios palestinos, entre muchas otras.
De acuerdo a los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, en los que se han puesto de acuerdo todos los países representados en las Naciones Unidas, el terrorismo no está en la agenda, para nada.
La prioridad más alta entre los Objetivos del Milenio es: "Erradicar la pobreza extrema y el hambre" a que está sometida gran parte de la humanidad. Se quiere reducir a la mitad el número de personas que viven con menos de 1 dólar diario. En Bolivia tenemos muchos sobreviviendo en esa situación, y si no tenemos más es solamente porque la población se reduce a menos de 10 millones de habitantes. Es aún más grave que siendo una población tan pequeña, nuestro país no pueda hasta ahora resolver el problema.
En el segundo lugar entre los Objetivos del Milenio está el tema de la educación: "Lograr la enseñanza primaria universal". Es decir, que todo ser humano tenga derecho a educarse. Ya sabemos que el proceso de globalización económica conspira contra este ideal democrático, pues por ella. Es decir, la educación como un lujo, no como un derecho. Sin educación, no hay desarrollo, y por lo tanto los países más pobres y con menos acceso a la educación primaria, perpetuarán su condición de siervos de los intereses hegemónicos.
Ocupa el tercer lugar el compromiso de: "Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer", algo que también está ligado a la educación, ya que desde la infancia se discrimina a las niñas, negándoles el acceso a la escuela. Los propios padres cometen esa espantosa arbitrariedad, como podemos constatar todavía en algunas zonas de nuestro país.
"Reducir la mortalidad infantil" en niños menores de 5 años, es el cuarto Objetivo del Milenio. De nada valdría acabar con la discriminación si los niños no sobreviven. Este es otro rubro en el que Bolivia es "campeona". Perdemos en todo, pero en estos índices siempre "ganamos", junto a Haití. No entiendo realmente de qué nos sentimos tan orgullosos como país, si somos una vergüenza. Mueren los niños al nacer, o nacen muertos. Yo todavía estoy marcado por la memoria de esos cuerpitos violáceos tirados con la basura sobre el Río Choqueyapu. Un poema en mi primer poemario registra el asco que sentí.
Muchas, muchísimas mujeres, mueren al dar a luz. Por eso el quinto objetivo expresa: "Mejorar la salud materna" reduciendo en tres cuartas partes la tasa de mortalidad materna. Aquí también, somos tristes "campeones".
El sexto Objetivo del Milenio también se refiere a un tema de salud. Es interesante constatar que, contrariamente a la política de Estados Unidos, que quiere colocar al SIDA como el principal problema de salud a nivel mundial, este objetivo persigue: "Combatir el VIH/SIDA, el paludismo, y otras enfermedades".
Hay países en los que el paludismo (malaria), mata a muchas más personas que el SIDA. Y hay países, como Papua Nueva Guinea (en el me tocó trabajar hace un par de años), donde la tuberculosis (que está muy relacionada al hambre y la pobreza), es la principal causa de morbilidad y mortalidad. En Papua Nueva Guinea el SIDA ocupa el puesto 23 entre las causas de mortalidad, pero recibe de los organismos internacionales más fondos que cualquier otro programa. Contradicciones en las que incurren las propias agencias de Naciones Unidas.
Los objetivos anteriores no serían alcanzables sin el séptimo: "Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente", es decir, parar la destrucción de nuestras tierras, nuestra agua y nuestro aire. Este objetivo intenta reducir en la mitad el número de personas en el mundo que no tiene acceso a agua potable, y mejorar las condiciones de vida en los cinturones de miseria de las ciudades. Lo que sucedió en días pasados con los chaqueos en toda Bolivia es una salvajada que debería ser castigada duramente. Cada vez se empobrece más la tierra y cada vez se reduce más la posibilidad de que el planeta sostenga a 6 mil millones de habitantes.
La tarea de cumplir con los objetivos anteriores sería imposible en un mundo donde las relaciones comerciales son injustas para los países más pobres, y favorecen a los países más ricos. El ALCA y otros acuerdos comerciales impulsados desde el norte, están diseñados para exprimir lo poco que queda en nuestros países, y convertirnos en gigantescos mercados pasivos.
Por eso el octavo y último objetivo pide: "Fomentar una asociación mundial para el desarrollo", es decir, un sistema comercial y financiero abierto "basado en normas, previsible y no discriminatorio", que atienda las necesidades especiales de los países menos adelantados. El sistema financiero actual es tan grotescamente absurdo, que mientras cada uno de nosotros paga un impuesto cuando compra, por ejemplo, un litro de gasolina, especuladores de la bolsa hacen todos los días gigantescas operaciones de compra y venta de acciones, por valores de miles de millones de dólares, y no pagan ni un centavo en impuestos.
Por eso el Premio Nóbel de Economía, James Tobin, sugirió tasar con un impuesto de 0,1 %, todas las transacciones especulativas en la bolsa de valores.
Aparentemente insignificante en su monto, este impuesto permitiría sin embargo generar recursos para cubrir todos los requerimientos de los Objetivos del Milenio porque generaría anualmente más impone el criterio mercantilista de los Estados Unidos: los que quieran educación tienen que pagar de 100 mil millones de dólares. La ATTAC (Action pour une taxe Tobin d?aide aux citoyens) creada en París en 1998 para luchar contra los efectos devastadores de la globalización, se propone organizar a la sociedad civil en pos de esta demanda. El desarrollo de ATTAC ha sido enorme, y cuenta con capítulos en todo el mundo, incluyendo grupos en varias ciudades de Bolivia; pero claro, no es en los medios de información tradicionales ?comprometidos con los intereses de las grandes empresas- donde se difunden estas ideas. Más bien, se esconden y censuran.
Podrá el conjunto de los países lograr estos objetivos el año 2015, si el mundo continúa en la absurda carrera armamentista? La respuesta es NO. Entre la especulación financiera y la carrera armamentista, estamos jodidos. Miles de millones de dólares, que bastarían para resolver todos los problemas de salud, educación y pobreza en el mundo, se destinan a mantener y a desarrollar aún más la gigantesca maquinaria productora de armas que Estados Unidos y unos cuantos países europeos se empeñan en imponer sobre la humanidad. Algún día, si el mundo no desaparece antes, esta salvajada armamentista quedará en la historia como uno de los absurdos más grandes en los que haya tropezado el ser humano durante su frágil evolución.
Alfonso Gumucio * es poeta, escritor y cineasta boliviano, y muy sensible a la realidad de los pueblos desastidos o forzados a la miseria.
Publicado en AGUA MANSA en Julio de 2005
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