Los italianos en el extranjero, influidos por una prensa crítica con Berlusconi, han decidido el Senado
La nueva ley electoral, impulsada por Silvio Berlusconi medio año antes de agotar la legislatura con el evidente fin de evitar la derrota, ha acabado siendo el zapato del cuento de Cenicienta; un zapato que parecía hecho a medida de los delicados pies del centroderecha. Pero lo sorprendente es que ha acabado encajando en los pies del centroizquierda". Con los resultados definitivos en la mano, Gianni Riotta, subdirector del Corriere della
Serra,definía así, ayer por la mañana, muy a la italiana manera, la gran paradoja de unas elecciones en las que el más pillo de todos es quien ha acabado pillado.
Romano Prodi acabará gobernando Italia gracias a la más astuta de las leyes ideadas por el impetuoso Gobierno saliente. Ni en la peor de sus pesadillas el cineasta Nanni Moretti, el más incisivo de los intelectuales la italianos que se han lanzado a la arena política para denunciar el régimen berlusconiano,podía haber soñado que el Caimán - así le llama en su última película, un relato muy amargo, demasiado amargo, del actual momento italiano- acabaría perdiendo el poder por culpa de un artilugio ideado para perpetuarse en él. El caimán se ha mordido la cola. Umberto Eco deberá escribir algo al respecto. Y el escritor Antonio Tabucchi, otro ferviente antiberlusconiano, también.
La paradoja es tremenda. Con la anterior ley electoral en la mano, el centroizquierda apenas tendría posibilidades de articular una mayoría suficiente en la Cámara de los Diputados con una ventaja de tan sólo 25.000 votos sobre sus rivales (25.000 votos sobre un total de 49 millones de electores). Y también con la anterior ley electoral, el centroderecha probablemente habría conquistado el Senado. Los premios de mayoría previstos por la ley Berlusconi (a escala nacional en la Cámara de los Diputados y a escala regional para el Senado) darán a los partidos de La Unión una mayoría parlamentaria aritméticamente suficiente. Il miracolo é fatto.Italia es así.
Otra paradoja más: el Senado se ha inclinado a favor del centroizquierda gracias al voto de los italianos en el extranjero; gracias a otra ley made in Berlusconi. Y es que la extensión del derecho de voto a los italianos residentes en el extranjero era una vieja aspiración de la derecha italiana, movida por un generoso espíritu patriótico y posiblemente por el cálculo de obtener una buena reserva electoral en el extranjero mediante el cultivo de la nostalgia. El mundo, sin embargo, anda muy revuelto y los italianos residentes en el extranjero, especialmente en Latinoamérica, parecen más inclinados a la izquierda. "Creo que en el voto de los italianos en la emigración también ha influido la prensa extranjera, muy crítica con el fenómeno Berlusconi. Es evidente que la percepción que se tiene desde el exterior de la situación del país no coincide con la de un sector importante de la sociedad italiana, que, a la vista de los resultados, no considera a Berlusconi una anomalía intolerable", apunta, no sin ironía, Vittorio Sabadin, subdirector del diario La Stampa.
Emilio Fede, conductor del telediario de Rete 4, el más berlusconiano de los periodistas ideológicamente afines a su patrón, sintetizaba ayer tarde la situación con gran sinceridad: "Parece claro que la nueva ley electoral no ha dado los frutos esperados a quien la promovió. ¡Lástima!".
LA VANGUARDIA
12/04/2006

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