03 mayo 2006

Mesoamérica llega a EU - por James Petras

por James Petras

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Manifestación estudiantil, el 19 de abril pasado en Denver, Colorado, en apoyo a los derechos de los migrantes

Entre el 25 de marzo y el 1º de mayo de 2006, unos 5 millones de trabajadores migratorios y sus simpatizantes marcharon en unas 100 ciudades de Estados Unidos. Es la mayor y más sostenida manifestación obrera en la historia del país. Jamás en toda su trayectoria de 50 años ha sido capaz la confederación sindical estadunidense AFL-CIO de movilizar siquiera una fracción de los trabajadores convocados por el movimiento de migrantes. El ascenso y crecimiento del movimiento está arraigado en la experiencia histórica de esos asalariados, cuya abrumadora mayoría procede de México, Centroamérica y el Caribe; en la experiencia de explotación y racismo que enfrentan hoy en Estados Unidos y en el futuro de encarcelamiento, expulsión y despojo que les aguarda.

El movimiento está empeñado en una lucha política independiente contra los gobiernos locales y estatales, y sobre todo el nacional. Su objetivo inmediato es derrotar a la legislación orientada a criminalizar a los migrantes con empleo y a una iniciativa de "transacción" cuyo propósito es dividir a los trabajadores recién llegados de los antiguos. La demanda clave es legalizar a todos, recientes y antiguos. La elección de métodos de acción directa se da en respuesta a la inefectividad de las actividades legalistas y de cabildeo de las organizaciones latinas establecidas de clase media y al fracaso total de la confederación sindical y de sus afiliados en organizar a los migrantes en sindicatos o incluso construir organizaciones solidarias.

Para entender el crecimiento dinámico de este movimiento en Estados Unidos y su militancia, es necesario analizar los profundos cambios estructurales en los ochenta y los noventa en México y Centroamérica.

TLCAN, guerras y mercados libres

A partir de los ochenta, Washington, por conducto del FMI y de los presidentes de México a su servicio, promovió una política de "libre comercio" que abrió la puerta a un flujo masivo de productos agrícolas estadunidenses fuertemente subsidiados, que perjudicaron a los agricultores medianos y pequeños locales. Las inversiones extranjeras en gran escala en empresas de ventas al menudeo, la banca y las finanzas condujeron a la bancarrota a millones de pequeños empresarios. El crecimiento de las zonas industriales de libre comercio deterioró la legislación laboral y social. Los pagos de la deuda externa, las privatizaciones corruptas y el crecimiento del empleo precario ocasionaron una caída absoluta de los salarios, al tiempo que el número de multimillonarios mexicanos se multiplicaba. Enormes ganancias y pagos de intereses fluyeron hacia consorcios y bancos estadunidenses.

Los asalariados rurales y urbanos desplazados y empobrecidos pronto siguieron la misma ruta de las ganancias e intereses. El razonamiento, según los "mercados libres", era que los libres flujos de capital hacia México deberían venir acompañados por el libre flujo de operarios mexicanos hacia el vecino del norte. Pero éste no practicó la doctrina de "libre mercado": aplicó una política de entrada irrestricta de capital a México y de restricción a la migración laboral. Las políticas de libre mercado crearon una vasta reserva de trabajadores mexicanos empleados y desempleados, en tanto las restricciones legales a la migración los obligaron a emigrar sin documentos. Este enorme flujo no fue sólo resultado de que los mexicanos o centroamericanos buscaran mayores salarios, sino de las adversas condiciones estructurales impuestas por el TLCAN, que expulsaron gente de su lugar de empleo: como la estructura mexicana de libre mercado era un modelo de acumulación centrado en el imperio, éste se volvió un imán que atraía a los migrantes en busca de empleo.

El segundo rasgo estructural que determinó la migración masiva de centroamericanos a Estados Unidos fueron las guerras imperiales estadunidenses de los ochenta: la masiva intervención militar de Washington a través de ejércitos que actuaban en su nombre en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras destruyó la posibilidad de reforma social y economía viable en toda Centroamérica. Al financiar escuadrones de la muerte y promover actividad contrainsurgente Estados Unidos empujó a millones de centroamericanos a abandonar el campo y emigrar hacia zonas de miseria en las ciudades y hacia México, Estados Unidos, Canadá y Europa. El "éxito" de Washington en imponer gobernantes corruptos de derecha en toda Centroamérica cerró toda opción de mejoramiento individual o colectivo en la economía doméstica. La adopción de medidas neoliberales condujo a un desempleo aún mayor y a una drástica merma en los servicios sociales, que impulsó a muchos a buscar empleo en el imperio: la fuente de su miseria.

Legado de lucha

La primera ola de inmigrantes de los ochenta, generada por el colapso neoliberal y el terror militar, buscó en forma anónima cualquier empleo, aun en las peores condiciones; muchos escondieron su pasado militante, pero no lo olvidaron. A medida que el flujo de migrantes ganaba impulso, grandes concentraciones de latinos se asentaron en ciudades importantes de California, Texas, Arizona y Nuevo México, lo cual llevó a la creación de una densa red de clubes sociales, culturales y deportivos y de organizaciones informales basadas en antiguos lazos familiares, vecinales y regionales. Florecieron nuevas pequeñas empresas, se incrementó el poder de compra, los niños iban a escuelas que tenían claras mayorías latinas y numerosas estaciones de radio se dirigieron a los migrantes en su propio idioma. Rápidamente el sentido de solidaridad creció por la fuerza de los números, la facilidad de comunicación, la proximidad de compañeros trabajadores y, sobre todo, la experiencia común de migración indocumentada y explotación despiadada en las tareas más duras y peor pagadas, acompañadas por actitudes racistas de los patrones, los obreros blancos, la policía y otras autoridades públicas.

La decisión del Congreso de añadir la amenaza adicional de prisión y expulsiones masivas ocurrió al mismo tiempo en que las redes sociales y de solidaridad dentro de las comunidades latinas se profundizaban y expandían. La militancia anterior en la resistencia popular contra los escuadrones de la muerte en El Salvador, el sabor de la libertad y la dignidad durante el periodo sandinista en Nicaragua y los múltiples movimientos campesinos en México salieron del clóset y encontraron nueva expresión social en el movimiento de los trabajadores migratorios.

La convergencia de militancia sumergida o latente y demandas de derechos laborales y de reconocimiento legal en el nuevo contexto de explotación y represión creó el ímpetu para la solidaridad social de comunidades enteras. La participación incluyó familias y barrios y cruzó las fronteras generacionales: estudiantes de enseñanza media se sumaron a operarios de la construcción, jardineros, empleados de la industria del vestido y domésticos para llenar las calles de Dallas y Los Angeles con decenas de miles de manifestantes, con gran sorpresa de observadores no latinos, ignorantes de ese legado histórico, de sus poderosas redes sociales y de su decisión de trazar la línea entre la existencia social y la expulsión en masa.

En suma, no podemos entender la migración laboral masiva sin examinar el flujo masivo de capital estadunidense hacia México, su impacto destructivo en las relaciones socioeconómicas y el flujo no regulado de ganancias e intereses hacia Estados Unidos. Tampoco podemos explicar los flujos de largo plazo de migrantes de Centroamérica sin tomar en cuenta el envío masivo de armas estadunidenses hacia las clases gobernantes de la región.

La migración laboral mexicana y centroamericana es resultado directo de la victoria de la contrarrevolución encabezada por Estados Unidos en la región. En cierto sentido, el surgimiento del movimiento masivo de migrantes es una repetición de las luchas anteriores entre el capital estadunidense y el trabajo mexicano y centroamericano en la nueva arena de la política estadunidense y con un nuevo grupo de temas. La continuidad de estas luchas se encuentra en las demandas comunes de autodeterminación y los métodos comunes de acción directa, lo cual se refleja en la fuerte composición de clase trabajadora o "popular" de la lucha, y en la memoria histórica de la solidaridad de clase.

Significación del nuevo movimiento

El surgimiento del movimiento de mano de obra migratoria abre un nuevo capítulo en la lucha de la clase obrera en Norte y Centroamérica. En primer lugar representa la primera lucha de la clase trabajadora independiente en Estados Unidos después de 50 años de decadencia, estancamiento y claudicación de la confederación sindical establecida. En segundo, revela una nueva clase protagónica como sector líder en el movimiento: el migrante. Mientras los sectores dinámicos del trabajo organizado en el sector privado (operarios de la industria automotriz, del transporte, del acero y de los muelles en la costa oeste) han perdido las dos terceras partes de sus miembros y ahora representan sólo 9 por ciento de la fuerza laboral privada, más de dos millones de migrantes expresaron una solidaridad social que no se veía en el país desde los treinta. En tercero, el movimiento se organiza sin un gran aparato burocrático sindical y con presupuesto mínimo, sobre la base de trabajadores voluntarios en comunicación horizontal. De hecho, uno de los factores claves del éxito de la movilización fue que estuvo en gran medida fuera del control de la jerarquía sindical, pues una minoría eran miembros de sindicatos. En cuarto, los líderes y estrategas del movimiento son independientes de los dos principales partidos políticos capitalistas, sobre todo del abrazo mortal del Partido Demócrata.

Por su independencia política, el movimiento de trabajadores migratorios salió a las calles, criticó las políticas de ambos partidos y no se limitó a la acción inútil de los cabilderos en los pasillos del Congreso. El movimiento ha servido, hasta cierto punto, como un "polo social" que atrae y politiza a decenas de miles de estudiantes de enseñanza media e incluso universitarios, sobre todo de origen latinoamericano. Además, se ha activado una minoría de sindicalistas anglos disidentes, progresistas de clase media y empleados liberales para colaborar en la lucha laboral. La lucha del movimiento es política, dirigida a influir en el poder político y contra el dominio del "capital blanco" dirigido a criminalizar y expulsar a los "trabajadores cafés".

Existen obstáculos políticos al crecimiento y consolidación del movimiento. Primero, numerosos patrones despidieron a empleados que participaron en la primera ola de manifestaciones. Trabajadores latinos afiliados a sindicatos recibieron poco o ningún apoyo de sus líderes. En segundo lugar, después del éxito de los movimientos, numerosos políticos latinos tradicionales, trabajadores sociales, consultores profesionales, organizaciones no gubernamentales y burócratas se treparon a la carreta y buscan desviar el movimiento hacia los canales convencionales de hacer "peticiones" al Congreso y apoyar a los políticos del Partido Demócrata, que son "el mal menor".

Por último está el problema del desarrollo dispar de la lucha dentro de la clase obrera y entre las regiones del país. La mayoría de los empleados anglos son pasivos, en el mejor de los casos, y probablemente más de la mitad perciben a los migrantes como una amenaza a sus empleos, salarios y vecindarios. La ausencia general de una educación antirracista y clasista por parte de la burocracia sindical dificulta la unión de la clase trabajadora. El reto es que los migrantes latinos logren salir a construir coaliciones con los negros y asiáticos, así como con la minoría de sindicalistas anglos avanzados.

Por último existe la necesidad de confrontar la nueva ola de redadas policiacas en masa en centros laborales y barrios, donde cientos de trabajadores latinos son copados y expulsados. Hoy día, la policía cerca barrios latinos enteros para realizar cateos casa por casa. Durante la semana del 21 al 28 de abril, el jefe neoconservador de la agencia de Seguridad Interior, Michael Chertoff, dirigió el arresto de mil 100 migrantes indocumentados en 26 estados.

Pese a estos desafíos, el movimiento de los migrantes está en ascenso: el 25 de marzo cientos de miles se manifestaron; el 10 de abril marcharon más de 2 millones, y este 1º de mayo se unirán millones más a las marchas y los paros laborales. Mientras los políticos reaccionarios se esconden en el Congreso, urdiendo formas de dividir y conquistar al movimiento, millones de latinos están en las calles... por sus derechos, su autodeterminación y su dignidad.

Traducción: Jorge Anaya

LA JORNADA

El futuro que ya llegó - por Luis Hernández Navarro


Abril 2006 - De costa a costa, los inmigrantes hispanos (que conforman la mayor minoría del país) participan en grandes manifestaciones en ciudades como Dallas (Texas), Atlanta (Georgia), Los Angeles (California) y Washington para pedir un trato justo y digno.





Un nuevo ciclo de luchas sociales contra la globalización neoliberal se ha abierto hoy en el mundo. Francia y Estados Unidos son su epicentro. El rechazo al trabajo precario y el reconocimiento de nuevas formas de ciudadanía para los trabajadores inmigrantes son su eje central.

En Francia, las movilizaciones se han sucedido una a otra. El 29 de mayo de 2005 triunfó el no en el referendo para ratificar la Constitución europea. Apenas cinco meses después, el 27 de octubre, la trágica muerte de dos adolescentes que huían de una persecución policial precipitó la revuelta de los suburbios, protagonizada, en mucho, por jóvenes descendientes de inmigrantes. En febrero y marzo de este año las grandes huelgas de estudiantes y trabajadores obligaron al gobierno a dar marcha atrás en su ley contra el contrato del primer empleo.

Desde el 10 de marzo, en Estados Unidos, millones de trabajadores indocumentados y estudiantes latinos han suspendido sus empleos y tomado las calles de las principales ciudades exigiendo una reforma migratoria que legalice su estancia en ese país.

Las masivas protestas en ambos países resisten un modelo laboral basado en la combinación de trabajo informal, trabajo ilegal y migración. Su mecánica es sencilla: reducir los costos de producción sobre la base de la expansión de la economía informal y la desregulación laboral, utilizando para ello la mano de obra inmigrante.

Por eso las jornadas de lucha a favor de una reforma migratoria son parte no sólo de un amplio movimiento por los derechos civiles, sino instrumento indispensable de los trabajadores indocumentados para la conquista de mejores salarios y condiciones de trabajo.
Las movilizaciones en Francia y en Estados Unidos son expresión del grado de ruptura de la universalidad de la ciudadanía promovidas por la desestructuración de los mercados de trabajo y la expoliación de derechos. Pero son, asimismo, un indicador de la profunda crisis que viven las metrópolis en sus políticas, tanto en el control de los flujos migratorios como en la integración de los migrantes. Sus modelos, tanto el llamado melting pot como la tradición republicana de absorción y socialización a través de la residencia y la escuela, ya no funcionan con fluidez.

La movilización de los indocumentados latinos en el Imperio muestra, también, las profundas transformaciones que está sufriendo la ciudadanía en la era de la globalización. La reivindicación de reconocimiento legal de los sin papeles, no nada más como trabajadores huéspedes, sino como ciudadanos sin renunciar a su cultura, es un gran desafío a un modelo de ciudadanía que exige la plena asimilación social de los incluidos.

Las jornadas de lucha en contra de la globalización neoliberal iniciadas en Seattle, en 1999, anticipan lo que son las protestas en Francia y Estados Unidos. El movimiento altermundista, con sus foros y redes internacionales y sus acciones de asedio en contra de los organismos financieros multilaterales, aparece así como un ensayo general de una ofensiva social contra un modelo económico mucho más amplia, masiva y contundente. Seattle anuncia un nuevo ciclo de luchas contra la mundialización que se expresa con toda su madurez seis años después, precisamente en los mismos países en los que, durante el siglo XVIII, dio inicio una nueva etapa de transformación política profunda alrededor de la lucha por los derechos humanos.

Por supuesto, este nuevo ciclo de luchas se expresa también en todos los rincones del planeta. Las grandes manifestaciones en Gran Bretaña y Alemania en contra de la reforma al sistema de pensiones así lo demuestran. Las luchas indígenas anticapitalistas en América Latina, desde el EZLN en México hasta la Conaie en Ecuador, son parte de ellas. La resistencia en Irak contra la invasión estadunidense es elemento esencial en este relanzamiento.

Ejemplo del carácter innovador que la lucha social adquirirá a partir de ahora, es el boicot de los indocumentados en Estados Unidos este 1º de mayo. La iniciativa hace coincidir simultáneamente acciones en el terreno de la producción (paros, faltas colectivas y cierre de negocios) con boicots de consumidores y manifestaciones callejeras. De esta manera se demuestra simultáneamente la capacidad de movilización política de la comunidad, el peso de la fuerza laboral y el poder económico de los consumidores latinos.

En Estados Unidos existe una larga historia y experiencia en la organización de boicots por parte de movimientos a favor de los derechos civiles. Hay, también, una fuerte conciencia del poder de los consumidores y asociaciones con una amplia membresía que los agrupan.

Los ejemplos que dan cuenta de esta tradición son numerosos. La Suprema Corte de Justicia de ese país promulgó leyes antidiscriminatorias en favor de la comunidad afroestadunidense como resultado de la presión social generada en el sur de ese país, en parte por el boicot en contra del transporte colectivo discriminatorio organizado por Rosa Parks y Martín Luther King. César Chávez y la Unión de Trabajadores Agrícolas orquestaron un amplio boicot contra el consumo de uvas para exigir el reconocimiento de derechos laborales para los jornaleros del campo. La trasnacional Nestlé sufrió fuertes pérdidas por una campaña en su contra que llamó a no comprar sus productos. Más recientemente, estudiantes universitarios protagonizaron un boicot contra los tenis Nike por fabricar su calzado con mano de obra sobrexplotada en países del tercer mundo.

En contra de lo que se ha dicho, las grandes protestas en Francia y en Estados Unidos no son expresiones nostálgicas y reaccionarias de un pasado ido. Por el contrario, expresan un futuro que ya llegó.


LA JORNADA martes 2 de mayo de 2006

30 abril 2006

La última visita del caballero enfermo - de Giovanni Papini



Barrio Chino Barcelona - Henri Cartier Bresson - 1933



Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastianbo del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron -yo estoy entre esos pocos- recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos.

Era, verdaderamente, un sembrado de espanto. Su presencia daba un color fantástico a las cosas más sencillas; cuando su mano tocaba algún objeto, parecía que éste ingresara al mundo de los sueños. Nadie le preguntó cuál era su enfermedad y por qué no se cuidaba. Vivía andando siempre, sin detenerse, día y noche. Nadie supo nunca dónde estaba su casa, nadie le conoció padres o hermanos. Apareció un día en la ciudad y, después de algunos años, otro día, desapareció.

La víspera de este día, a primer hora de la mañana, cuando apenas el cielo empezaba a iluminarse, vino a despertarme a mi cuarto. Sentí la caricia de su guante sobre mi frente y lo vi ante mí, con la sonrisa que parecía el recuerdo de una sonrisa y los ojos más extraviados que de costumbre. Me di cuenta, a causa del enrojecimiento de los párpados, que había pasado toda la noche velando y que debía haber esperado la aurora con gran ansiedad porque sus manos temblaban y todo su cuerpo parecía presa de fiebre.

-¿Qué le pasa? -le pregunté-. ¿Su enfermedad lo hace sufrir más que otros días?

-¿Mi enfermedad? -respondió-. Usted cree, como todos, que yo tengo una enfermedad? ¿Que se trata de una enfermedad mía? ¿Por qué no decir que yo soy una enfermedad? Nada me pertenece. ¡Pero yo soy de alguien y hay alguien a quien pertenezco.

Estaba acostumbrado a sus extraños discursos y por eso no le contesté. Se acercó a mi cama y me tocó otra vez la frente con su guante.

-No tiene usted ningún rastro de fiebre -continuó diciéndome-, está usted perfectamente sano y tranquilo. Puedo, pues, decirle algo que tal vez lo espantará; puedo decirle quién soy. Escúcheme con atención, se lo ruego, porque tal vez no podré repetirle las mismas cosas y es, sin embargo, necesario que las diga al menos una vez.

Al decir esto se tumbó en un sillón y continuó con voz más alta:

-No soy un hombre real. No soy un hombre como los otros, un hombre con huesos y músculos, un hombre generado por hombres. Yo soy -y quiero decirlo a pesar de que tal vez no quiera creerme- yo no soy más que la figura de un sueño. Una imagen de Shakespeare es, con respecto a mí, literal y trágicamente exacta; ¡yo soy de la misma sustancia de que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que me sueña, hay uno que duerme y sueña y me ve obrar y vivir y moverme y en este momento sueña que yo digo todo esto. Cuando ese uno empezó a soñarme, yo empecé a existir; cuando se despierte cesaré de existir. Yo soy una imaginación, una creación, un huésped de sus largas fantasías nocturnas. El sueño de este uno es tan intenso que me ha hecho visible incluso a los hombres que están despiertos. Pero el mundo de la vigilia no es el mío. Mi verdadera vida es la que discurre lentamente en el alma de mi durmiente creador.

"No se figure que hablo con enigmas o por medio de símbolos. Lo que le digo es la verdad, la sencilla y tremenda verdad.

"Ser el actor de un sueño no es lo que más me atormenta. Hay poetas que han dicho que la vida de los hombres es la sombra de un sueño y hay filósofos que han sugerido que la realidad es una alucinación. En cambio, yo estoy preocupado por otra idea. ¿Quién es el que me sueña? ¿Quién ese uno, ese desconocido ser que me ha hecho surgir de repente y que al despertarse me borrará? ¡Cuántas veces pienso en ese dueño mío que duerme, en ese creador mío! Sus sueños deben de ser tan vivos y tan profundos que pueden proyectar sus imágenes hasta hacerlas aparecer como cosas reales. Tal vez el mundo entero no es más que el producto de un entrecruzarse de sueños de seres semejantes a él. Pero no quiero generalizar. Me basta la tremenda seguridad de ser yo la imaginaria criatura de un vasto soñador?

"¿Quién es? Tal es la pregunta que me agita desde que descubrí la materia en que estoy hecho. Usted comprende la importancia que tiene para mí este problema. De su respuesta depende mi destino. Los personajes de los sueños disfrutan de una libertad bastante amplia y por eso mi vida no está determinada del todo por mi origen sino también por mi albedrío. En los primeros tiempos me espantaba pensar que bastaba la más pequeña cosa para despertarlo, es decir, para aniquilarme. Un grito, un rumor, podían precipitarme en la nada. Temblaba a cada momento ante la idea de hacer algo que pudiera ofenderlo, asustarlo, y por lo tanto, despertarlo. Imaginé durante algún tiempo que era una especie de divinidad evangélica y procuré llevar la más virtuosa vida del mundo. En otro momento creí que estaba en el sueño de un sabio y pasé largas noches velando, inclinado sobre los números de las estrellas y las medidas del mundo y la composición de los mortales.

"Finalmente me sentí cansado y humillado al pensar que debía servir de espectáculo a ese dueño desconocido e incognoscible. Comprendí que esta ficción de vida no valía tanta bajeza. Anhelé ardientemente lo que antes me causaba horror, esto es, que despertara. Traté de llenar mi vida con espectáculos horribles, que lo despertaran. Todo lo he intentado para obtener el reposo de la aniquilación, todo lo he puesto en obra para interrumpir esta triste comedia de mi vida aparente, para destruir esta ridícula larva de vida que me hace semejante a los hombres. No dejé de cometer ningún delito, ninguna cosa mala me fue ignorada, ningún terror me hizo retroceder. Me parece que aquel que me sueña no se espanta de lo que hace temblar a los demás hombres. O disfruta con la visión de lo más horrible o no le da importancia y no se asusta. Hasta hoy no he conseguido despertarlo y debo todavía arrastrar esta innoble vida, irreal y servil.

"¿Quién me liberará, pues, da mi soñador? ¿Cuándo despuntará el alba que lo llamará a su trabajo? ¿Cuándo sonará la campana, cuándo cantará el gallo, cuándo gritará la voz que debe despertarlo? Espero hace tiempo mi liberación. Espero con tanto deseo el fin de este sueño, del que soy una parte tan monótona.

"Lo que hago en este momento es la última tentativa. Le digo a mi soñador que yo soy un sueño, quiero que él sueñe que sueña. Esto pasa también a los hombres. ¿No es verdad? ¿No ocurre que se despiertan cuando se dan cuenta de que sueñan? Por esto he venido a verlo y le he hablado y desearía que mi soñador se diese cuenta en este momento de que yo no existo como hombre real y entonces dejaré de existir, hasta como imagen irreal. ¿Cree que lo conseguiré? ¿Cree que a fuerza de repetirlo y de gritarlo despertaré sobresaltado a mi propietario invisible?"

Al pronunciar estas palabras el Caballero Enfermo se quitaba y se ponía el guante de la mano izquierda. Parecía esperar de un momento a otro algo maravilloso y atroz.

-¿Cree usted que miento? -dijo-. ¿Por qué no puedo desaparecer, por qué no tengo libertad para concluir? ¿Soy tal vez parte de un sueño que no acabará nunca? ¿El sueño de un eterno soñador? Consuéleme un poco, sugiérame alguna estratagema, alguna intriga, algún fraude que me suprima. ¿No tiene piedad de este aburrido espectro?

Como yo seguía callado, él me miro y se puso en pie. Me pareció mucho más alto que antes y observé que su piel era un poco diáfana. Se veía que sufría enormemente. Su cuerpo se agitaba, como un animal que trata de escurrirse de una red. La mano enguantada estrechó la mía; fue la última vez. Murmurando algo en voz baja, salió de mi cuarto y sólo uno ha podido verlo desde entonces.

Gracias a CIUDAD SEVA, sitio encantador

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La foto del hombre que duerme y tal vez sueña de pie es: Barrio Chino de Barcelona - Henri Cartier Bresson - 1933

Para leer sobre Giovanni Papini en EL PODER DE LA PALABRA