"Se dijo: cuando el asalto de la fealdad se vuelva completamente
insoportable, compraré en la floristería un nomeolvides, un único
nomeolvides, ese delgado tallo con una florecita azul en miniatura,
saldré con él a la calle y lo sostendré delante de la cara con la vista
fija en él para no ver más que ese único hermoso punto azul, para
verlo como lo último que quiero conservar para mí y para mis ojos
de un mundo que he dejado de querer. Iré así por las calles de París,
la gente comenzará pronto a conocerme, los niños irán corriendo
pronto tras de mí, se reirán de mí, me tirarán cosas y todo París me
llamará: La loca del nomeolvides."
Milan Kundera en 'La inmortalidad'
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insoportable, compraré en la floristería un nomeolvides, un único
nomeolvides, ese delgado tallo con una florecita azul en miniatura,
saldré con él a la calle y lo sostendré delante de la cara con la vista
fija en él para no ver más que ese único hermoso punto azul, para
verlo como lo último que quiero conservar para mí y para mis ojos
de un mundo que he dejado de querer. Iré así por las calles de París,
la gente comenzará pronto a conocerme, los niños irán corriendo
pronto tras de mí, se reirán de mí, me tirarán cosas y todo París me
llamará: La loca del nomeolvides."
Milan Kundera en 'La inmortalidad'
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La pérdida de las certezas fundamentales
derrumba.
TdG, pensando en mi nomeolvides
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Hace casi 20 años nos sumimos en el largo y cruento proceso
de embellecer nuestra ciudades con criterios
que muy pronto -en muchos casos-
cruzaron la línea roja hacia lo hortera.
Enamorada como estaba de muchos pasajes de la mía
debí dejar de frecuentarlos porque no soporté tanto derrumbe...
tanta singularidad auténtica convertida en escombros,
tanta singularidad auténtica convertida en escombros,
tanto mobbing inmobiliario, topadora y burbuja...
Demasiadas obras muy cuestionables
-aunque modernas- tienen debajo alguna corruptela
o alguna violencia en las formas del buen hacer entre personas.
Barrer bajo la alfombra la antigua belleza,
lo legítimo y a tanto ser humano,
demoler la egregia decadencia hasta límites perversos
ha hecho que mi mapa afectivo perdiera
estilos, gestos, fachadas y rincones irrecuperables.
Ahora, en medio de los saldos de la crisis económica,
que fue moral cuando éramos tan ricos,
que fue moral cuando éramos tan ricos,
sólo puedo recorrerla haciendo un penoso ejercicio de evocación,
y me siento un amputado con picores en la pierna fantasma.
TdG, a propósito del progreso de la fealdad....
de todas las fealdades con las que la vida nos hace polvo.
.:
El infierno de los vivos no es algo que será;
hay uno, es aquel que existe ya aquí,
el infierno que habitamos todos los días,
que formamos estando juntos.
Dos maneras hay de no sufrirlo.
La primera es fácil para muchos:
aceptar el infierno y volverse parte de él
hasta el punto de no verlo más.
La segunda es peligrosa y exige
atención y aprendizaje continuos:
buscar y saber reconocer quién y qué,
en medio del infierno, no es infierno,
y hacerlo durar, y darle espacio.
Ítalo Calvino
En 'Las ciudades invisibles'
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de todas las fealdades con las que la vida nos hace polvo.
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El infierno de los vivos no es algo que será;
hay uno, es aquel que existe ya aquí,
el infierno que habitamos todos los días,
que formamos estando juntos.
Dos maneras hay de no sufrirlo.
La primera es fácil para muchos:
aceptar el infierno y volverse parte de él
hasta el punto de no verlo más.
La segunda es peligrosa y exige
atención y aprendizaje continuos:
buscar y saber reconocer quién y qué,
en medio del infierno, no es infierno,
y hacerlo durar, y darle espacio.
Ítalo Calvino
En 'Las ciudades invisibles'
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Gracias a J-M por el artículo.
¿Sólo la fealdad progresa?
por Antoni Puigverd
¿Por qué la fealdad está de moda ahora que el arte más bello está al alcance de todos?
Yendo de aquí para allá, a la dulce manera estival, gasto unas horas muertas deambulando por una ciudad mediana. En pleno centro aparecen algunos edificios altos, construidos con esta modernidad que tan rápidamente envejece, sin respeto por el estilo entre rústico y menestral que definió la ciudad durante siglos. Cierta mugre se enquista en los rincones. Los grafiteros se han cebado con algunas paredes y, especialmente, con el llamado mobiliario urbano. Grandes carteles anuncian depilaciones, ordenadores, neveras, frankfurts. Es mediodía. En una plazoleta, unos niños respiran, mientras juegan, el humo de estruendosas motos. Una chica con vaqueros y top, muestra, displicente, barriga y michelines. De los contenedores brotan bolsas de basura recalentándose, hediondas, al sol.
Despistado, me doy de bruces con una mujer mayor. A mis excusas responde con una sonrisa encantadora. Cabello blanco, vestido azul de lana fresca, medias claras, zapatos con taconcito. Artrítica y vacilante, pero voluntariosamente egregia, dobla una esquina y se esfuma. ¿De qué conozco yo a esta señora? Se parece a Agnes, sugestiva protagonista de Kundera. Aquella que, al despedirse de su joven entrenador de natación, hace un gesto con la mano como el que haría una chica tirando una pelota a su novio. Con tan delicioso gesto –cuenta el novelista– la anciana, olvidando su edad, resume toda belleza que atesoró, ahora gastada por los años.
Es hora de comer. La Agnes de Kundera añora las fondas antiguas, decoradas con entrañable detallismo. No encuentra más que locales de fast-food. Se acerca a la pared de cristal de uno de ellos. Entre restos de plástico y papel, unos jóvenes en camiseta imperio trituran bocadillos. Resbala la grasa por las comisuras de los labios de un hombre severamente tatuado que mastica una enorme hamburguesa. La Inés que yo imagino (ya no la de Kundera) sigue buscando una fonda. Muy cerca de ella, precediéndola, camina la chica que yo he visto antes: la que enseña barriga y michelines. Arrastra los vaqueros por el suelo, deshilachados y sucios. Orejas y mejillas torturadas por piercings. La chica no es fea e Inés se pregunta: ¿por qué se empeña en llevar la ropa que le peor le queda? Fija la mirada en un grupo de quinceañeros: vaqueros a medio culo, camisetas desteñidas, chanclas en pies mugrientos. Inés evoca su juventud. Entonces, sólo los vagabundos se mostraban sucios y andrajosos. Añora la pulcra sobriedad de los menestrales de su infancia. ¿Por qué el mal gusto se multiplica en nuestras ciudades?
¿Por qué progresa el cutrerío si hoy en día la escolarización abraza a todos? ¿Por qué la suciedad todo lo invade si incluso los pisos más humildes cuentan con una ducha? ¿Por qué la fealdad está de moda, precisamente ahora que el arte más bello está al alcance de todos?
La Vanguardia - 04/08/2011
.:.
.:.
Centro Di Gravita' Permanente
Franco Battiato
una vecchia bretone
con un capello
e un ombrello di carta
di riso e canna di bambu'
capitani coraggiosi
furbi contrabbandieri macedoni
gesuiti, eucridei
vestiti come dei bonzi
per entrare a corte degl'imperatori
della dinastia dei Ming
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
avrei bisogno di...
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
over and over again
non sopporto i cori russi
la musica finto rock
la new wave italiana
e il free jazz punk inglese
neanche la nera Africa
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
avrei bisogno di...
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
over and over again
con un capello
e un ombrello di carta
di riso e canna di bambu'
capitani coraggiosi
furbi contrabbandieri macedoni
gesuiti, eucridei
vestiti come dei bonzi
per entrare a corte degl'imperatori
della dinastia dei Ming
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
avrei bisogno di...
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
over and over again
non sopporto i cori russi
la musica finto rock
la new wave italiana
e il free jazz punk inglese
neanche la nera Africa
cerco un centro
di gravita' permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
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che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose e sulla gente
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